Un abuelo indio hablaba con su nieto
acerca de como se sentía ante la tragedia
que había caído sobre su pueblo, atacado,
diseminado y en retirada ante el avance de
sus enemigos.
Le decía:
Siento que tengo dos lobos
luchando en mi corazón.
Uno es vengativo, furioso,
violento, sólo preocupado
por sí mismo y por satisfacer su enojo.
El otro es capaz de sentir amor y compasión,
solidario con la manada, quiere mirar hacia
adelante y empezar a reconstruir.
El nieto le preguntó:
¿Cuál crees que va a ganar en tu corazón?
Y el abuelo respondió:
El que yo alimente.




SINOPSIS
Un hombre de 80 años vive en una zona desértica cercana al mar, donde se gana la vida de la pesca y la reparación de viejos botes, y debe cuidar de su nieto, un niño pequeño que quedó solo a raíz de la muerte de sus padres.
El hombre lo alimenta, lo cuida y lo educa en base a viejos preceptos anarquistas que él mismo pregonaba con fervor hace mucho tiempo, antes de escapar de la ciudad e instalarse en ese lugar aislado de la civilización.

La relación entre ellos es difícil, pero lentamente el niño entiende el esfuerzo que el viejo hace por cuidarlo y educarlo, y comienza a ayudarlo con sus tareas.
Un día, el niño enferma gravemente y, ante la posibilidad de que su nieto muera, el viejo emprende un viaje de varios días a través del desierto para encontrar un médico que lo cure.
Ese viaje no sólo lo enfrentará con la belleza árida de la naturaleza, sino que también pondrá en crisis su visión del mundo y los seres humanos.



Un viel homme vit dans un désert proche de la mer, où il gagne sa vie de la pêche et de la réparation de vieux bateaux. Il s'occupe aussi de son petit-fils de 4 ans, muet depuis la mort de ses parents.
Le vieil homme le protège et l'éduque selon des principes anarchistes qui ont toujours régi sa vie, avant qu'il ne s'échappe de la ville et vienne s'isoler, loin de la civilisation. Leur relation est difficile mais peu à peu l'enfant comprend les efforts que fait son grand-pére pour le protéger et commence à l'aider dans son travail et dans la vie quotidienne.
Un jour, l'enfant tombe gravement malade. Craigant la mort de l'enfant, le vieil homme entreprend alors un voyage de plusieurs jours à travers le désert pour trouver un médecin. Ce voyage le confrontera avec la beauté aride de la nature et remettraen question sa vision du monde et des êtres humains.





mar borrascosa, gustav coubert

marina, coubert

joaquín sorolla
TRATAMIENTO


1

El sonido de insectos, agua y ramas movidas por el viento remite a un espacio agreste, lejano y solitario.
Sobre el detalle de hojas, ramas, suelo, cortezas, insectos y árboles, la voz en off de un hombre viejo nombra suavemente, según cada caso:

Voz off hombre:
Una hoja, hormigas, un árbol, barro, corteza.

Al mismo tiempo, la mano pequeña de un niño recorre la superficie de cada cosa que la voz nombra. Se mueve lentamente, sintiendo las grietas de la corteza de un árbol, señalando a un insecto en una rama, agarrando una hoja y un poco de barro del suelo, recorriendo suavemente con sus dedos la superficie arrugada del ojo de un hombre viejo y, por último, toqueteando el labio de una boca que dice:

Voz off hombre:
Una boca…


2

Las páginas de un libro de dibujos de animales y plantas pasan delante de cámara despacio, al ritmo de unas manos grandes y arrugadas. Las páginas se detienen cuando aparece el dibujo de un árbol enorme, con gruesas ramas, muchas hojas y una raíz gigante y retorcida. La voz de un hombre viejo lee en off.

Voz off hombre:
Por debajo era un árbol húmedo de largas y húmedas ramas nacaradas que penetraban en la tibia noche de la tierra. Por ahí vivía y sentía el árbol principalmente, por ahí su día era un día del mundo, así de ancho y profundo, porque la tierra que palpitaba debajo de él le enviaba toda clase de señales...

La cámara se aleja lentamente del libro y nos permite ver a un hombre de unos 80 años, pelo y barba canosas, que permanece sentado de espaldas, apoyado sobre el tronco de un árbol. Mientras lee en voz baja la descripción del dibujo en el libro, la cámara sigue alejándose y descubre un bosque amplio, frondoso y espeso.
Mientras el hombre permanece sentado, leyendo en voz baja, un niño de unos 5 años, flaco y pequeño, comienza a bajar del árbol, justo por encima de él. Se lo ve de espaldas, de lejos, mientras desciende con lentitud y cuidado, apoyando sus pies y sus piernas en distintas ramas que le sirven como escalera.
Una vez en el suelo, el niño interrumpe al hombre para mostrarle una hoja y un fruto que acaba de bajar de una de las ramas del árbol. El hombre los examina con detenimiento, mira seriamente al niño y mueve la cabeza de un lado al otro en señal de negación. Se muestra insatisfecho con la hoja y el fruto que el niño le trae y se los devuelve con indiferencia.
Molesto, el niño los arroja al suelo enojado y comienza a alejarse con rapidez. Se dirige hacia los árboles que están más adelante. El hombre deja de leer, lo observa un poco y cuando el niño se pierde entre la maleza, cierra el libro, se levanta despacio y comienza a caminar lentamente hacia él.
A pesar de que ya no está leyendo el libro, se sigue escuchando su voz en off, mientras lo vemos perderse en el bosque. La cámara se queda allí mostrando únicamente el movimiento de las ramas y los árboles impulsados por el viento y a un grupo de pájaros que se reúnen a comer el fruto que el niño dejó en el suelo.

Voz off hombre:
Al este, por donde nace el sol, había un bosque. Lo divisó una mañana con sus ojos verdes más altos y todas sus hojas temblaron con un brillo de escamas. Era un árbol más grande, el más grandey formidable de todos... el álamo apunto una de sus delgadas ramas subterráneas en aquella dirección y recibió la respuesta. No era un árbol más grande, era un bosque, es decir un montón ellos, tierra emplumada, alta y rumorosa hermandad...


3

Frágil e inexperto, el niño recorre solo el bosque solitario, mientras el sol empieza a caer entre los árboles. Lo vemos decidido, enojado, molesto, con un rumbo aparentemente definido y claro.
Pero después de un rato, empieza a inquietarse porque intuye que se perdió y no sabe cómo salir de ese bosque inmenso.
Intenta guiarse por el sol, pero se siente cada vez más perdido y comienza a ganarlo el miedo y el pánico.
La naturaleza, los pájaros, los insectos, el sonido del bosque, se le vuelven hostiles, amenazantes.
El niño acelera el paso y comienza a pedir ayuda, gritando.

Niño, grita:
Abuelo! Abuelo! Dónde estás?!

Mientras todo a su alrededor se muestra extraño y ominoso, el sol sigue escondiéndose a lo lejos, detrás del bosque. Las sombras son más largas y deformes, el niño está cada vez más asustado. Hasta que, casi al borde del llanto, escucha la voz lejana de su abuelo, que lo llama por su nombre:

Voz abuelo, a lo lejos:
Litooo!!! Por acá, Litooo!!!

Al escuchar la voz de su abuelo, el niño se entusiasma y se decide a buscarlo. Corre hacia el lugar de donde proviene la voz y, desde lejos, vemos como se encuentra y se abraza con él. El hombre lo consuela con un abrazo, lo peina con sus manos, le da un beso y lo lleva consigo de la mano. Siempre desde lejos, vemos como ambos se pierden entre los árboles. El sol está cada vez más bajo y la luz es cada vez más escasa.

4

El hombre y el niño recorren juntos una extensión desértica y arenosa que empieza junto a los últimos árboles del bosque y se extiende hacia el horizonte en forma de dunas y médanos. Luego de un largo trayecto, cuando ya casi todo está a oscuras, divisan a lo lejos la silueta de una cabaña. Unos perros se acercan a ellos corriendo y ladrando. El hombre los acaricia y todos –el niño, el abuelo y los perros- se pierden en el horizonte, camino hacia la casa.

5

El hombre y el niño permanecen dentro de una pequeña cabaña de madera, ubicada en medio del desierto, junto al mar. El sonido del agua y la marea lo envuelve todo con ritmo cansino.
En silencio, el hombre corta verduras en una mesa para hacer la comida. El niño está en su cama, recostado, observando el cielo a través de un pequeño agujero que hay entre la pared y el techo de la casa.
Se queda así un rato, mirando las estrellas y la Luna, y poco a poco, se va quedando dormido. Sobre su pecho hay una foto de una mujer y un hombre jóvenes alzando a un bebé hacia el cielo, riendo. La cámara se acerca al niño dormido y luego se queda mostrando esa foto. El murmullo del mar se hace cada vez más presente y lo invade todo.

6

El niño está sentado en la playa, de espaldas a cámara, frente a la inmensidad del mar.
Los perros corren por la playa persiguiendo a las gaviotas que se arremolinan a su alrededor. Las aves dan vueltas en el aire, atacando el suelo con sus picos para tratar de cazar los pequeños mariscos traídos hasta la orilla por la marejada.
A lo lejos, detrás de la última rompiente de olas, se empieza a divisar un pequeño bote y al hombre viejo, que rema con fuerza hacia la costa.
Cuando descubre a su abuelo en medio del mar, el niño se levanta y corre hacia la orilla, a esperarlo.
El viejo se deja empujar por una ola y llega hasta la costa, se arroja al agua desde el bote y lo empuja con fuerza hasta la orilla. El niño se acerca y el hombre le entrega una bolsa con algunos pescados todavía vivos. Los pescados se mueven con brusquedad dentro de la bolsa y el niño tiene que esforzarse para que no se le caigan al agua.
El abuelo empuja el bote un poco más arriba, donde la marea ya no puede alcanzarlo, y de su interior saca unas redes, cajas, anzuelos y líneas con plomadas.
Ambos se dirigen hacia la casa.

7

El hombre y el niño limpian y cortan los pescados sobre una mesa. Le quitan las escamas con un cuchillo y luego les abren la panza, les quitan las vísceras, y los lavan en un recipiente con un poco de agua.
El hombre observa que el niño no la pasa bien y limpia sus pescados con cierta dificultad. Le cuesta mucho mantenerlos quietos y quitarles las escamas. Y le da asco la sangre que les sale al cortarles la panza para sacarles los órganos.
De repente, un pescado se mueve de manera brusca y el niño, que se corta la mano y un dedo con el cuchillo, pega un grito de dolor y comienza a desvanecerse.
Alarmado, el hombre deja lo que está haciendo y corre a su lado para tratar de reanimarlo, calmarlo y curarle la herida.
Primero le tira agua sobre la mano, para limpiarle la herida de sangre. A pesar de los gritos de dolor del niño, el hombre le cubre la herida con un poco de sal. Y más tarde le envuelve la mano y le hace un nudo con un pañuelo mojado.

8

Junto a la pequeña casa de madera, el hombre trabaja en la reparación de un bote, mientras el niño lee en voz alta un libro sobre ciencias naturales.
Apoyados a los costados de la escalera que conduce a la puerta de entrada yacen varios otros botes maltrechos, que la gente de la zona dejó allí para que el hombre los reparara.
El niño lee con dificultad, se siente un poco mal, al parecer a causa de una infección en la herida que tuvo en la mano, cuando limpiaba los pescados. El viejo nota algo extraño en su voz débil y cansada, pero no le da demasiada importancia y sigue trabajando mientras escucha al niño leyendo.

9

Al día siguiente el niño se enferma, tiene cada vez más fiebre y se desvanece en su cama. El viejo intenta reanimarlo, pero cuando nota que la enfermedad puede ser grave, lo lleva a lo de unos vecinos para ver si ellos pueden ayudarlo y saber qué es lo que le pasa. Los hombres trabajan cortando árboles en un bosque no muy lejano y le dicen que el niño está muy grave y que debería llevarlo a un hospital.
Sin embargo, todos saben que el médico u hospital más cercanos están a varios kilómetros y no existe ningún tipo de transporte para llegar hasta allí, sino que se debe recorrer a pie una enorme extensión de desierto, bosques, campos y ríos.

10

A pesar de las recomendaciones de sus vecinos, el hombre no quiere llevar al niño al hospital. Decide que lo curará él con algunos remedios hechos con plantas y raíces.
Pero el niño vuela de fiebre, alucina y empieza a divagar, y entonces el hombre se asusta y finalmente, contra sus principios, decide que la vida del niño es más valiosa que cualquier idea. Sentado en una mesa, pensativo, se prepara para emprender el camino hacia el hospital.

11

Al día siguiente, el hombre y el niño recorren una gran extensión de desierto. El hombre lo lleva en su espalda, agarrado de sus piernas y sus brazos, como si fuera una mochila.
El sol pega fuerte y ellos casi no tienen agua, pero se alimentan con un poco de comida que llevan en un morral y se hidratan con los cactus que encuentran en el camino.
El viejo corta los cactus y se los da al niño para que los chupe, mientras que con su piel, luego de quitarle las espinas, improvisa una serie de compresas para tratar de paliar su fiebre, pero el niño se desvanece igual. Está cada vez más débil y se queda dormido.

12

El niño despierta a la noche, en medio del desierto, junto a una fogata que el viejo hizo para protegerse del frío. Muy cerca hay un árbol seco, de donde el hombre arrancó algunas ramas que le sirvieron para hacer el fuego.
El niño alucina con esa situación y con los aullidos de unos perros o lobos que se escuchan no muy lejos de allí.
El hombre se acuesta a su lado y lo protege. Le cuenta una fábula sobre un grupo de animales de diversas razas que viven en una sociedad de tipo anarquista, donde todos son libres y se gobiernan a sí mismos, siendo respetuosos y solidarios con los demás.
El niño lo escucha con atención y curiosidad, pero poco a poco se va quedando dormido. El hombre se queda mirando la Luna y también se deja vencer por el cansancio y el sueño, acurrucado y abrazado junto al niño.

13

Al día siguiente siguen viaje y llegan hasta un campo de pastos y vegetación escasa y seca. Recorren unos kilómetros y a lo lejos descubren un animal muerto. Se trata de una vaca, muerta no hace mucho, que está siendo devorada por un grupo de perros salvajes. Hambriento al igual que el niño, el hombre decide enfrentarse con los perros para poder quedarse con un trozo del animal.
Primero busca un refugio para el niño, que se encuentra indefenso por su enfermedad y podría ser presa fácil de los perros. A unos metros divisa un árbol enorme y busca la forma de trepar para dejar allí al niño, lejos del alcance de los perros.
Luego toma un palo y se dirige decidido hacia ellos. Los perros lo huelen, se inquietan y empiezan a ladrarle amenazantes para que se aleje. Pero inesperadamente el hombre comienza a correr hacia ellos a toda velocidad y los perros, sorprendidos, escapan.
Mientras todo esto ocurre, el niño lo observa desde la rama del árbol donde permanece escondido.
El hombre intenta quedarse con un trozo de la vaca, pero no puede cortarlo porque no tiene cuchillo ni ningún objeto con filo. Los perros, que no están lejos, ven la oportunidad de recuperar su presa y lo atacan. Se produce una pelea.
El viejo golpea a uno de los perros, pero los otros dos se le vienen encima, lo tiran al piso y comienzan a morderlo salvajemente.
El hombre intenta defenderse pero está en inferioridad de condiciones. En ese momento se escucha un disparo y uno de los perros cae herido, mientras los otros dos escapan despavoridos.
El hombre queda tendido en el suelo, malherido. Sus ojos cansados apenas pueden ver el sol, hasta que las siluetas de dos hombres, en contraluz, aparecen frente a su vista. El viejo cierra los ojos y todo queda a oscuras.

14

El hombre despierta en una casa precaria, ubicada en medio del campo, a la sombra de una arboleda. Una mujer le está curando sus heridas en los brazos, en la cara y en las piernas.
La mujer le hace una serie de preguntas, mientras el hombre, que está tratando de recobrar el conocimiento, le contesta escuetamente pensando únicamente en su nieto y en la necesidad de volver a buscarlo, ya que se quedó solo, a la intemperie, sobre la rama del árbol.

Mujer:
¿Cómo se llama?

Viejo, en voz baja:
¿Quién?

Mujer:
¿De dónde viene?

Viejo:
De lejos...

Mujer:
¿Y que hace por acá? ¿Está solo?

Viejo:
Voy camino a un hospital, llevo a mi nieto enfermo. Tengo que buscarlo...

El viejo intenta levantarse, pero la mujer se lo impide con firmeza, por lo que el hombre la mira con seriedad y la hace a un lado con el brazo.
Se incorpora, sale de la casa, vuelve a mirar a la mujer para agradecerle con un gesto por su ayuda, y emprende el camino para buscar a su nieto.
La mujer lo observa mientras se aleja, sin decir nada, pero con una mirada intrigante y maligna.

15

Mientras todo esto sucede, el niño está solo en el árbol, todavía desvanecido e indefenso. Un pájaro se posa a su lado y el niño lo observa con atención, sorprendido por su belleza.
A lo lejos, los perros regresan al lugar donde quedó tendido su compañero después del disparo y huelen la presencia del niño, en el árbol.
Los perros corren hacia el árbol y el niño, que los ve venir, se asusta y comienza a subir más alto, valiéndose de algunas ramas como escalera. Los perros le ladran desde el suelo y el niño, débil, consumido por la fiebre y la enfermedad, se desvanece y queda dormido sobre una de las ramas.
Los perros siguen ladrando, pero en ese momento divisan al viejo a la distancia, que viene hacia ellos corriendo, con un palo en una mano y una piedra en la otra.
Uno de los perros sale a su encuentro y el hombre lo embiste con el palo y lo golpea con la piedra, por lo cual escapa chillando. El otro animal, asustado, lo sigue y ambos se pierden por el campo, hacia el horizonte.
El hombre deja el palo y la piedra en el suelo, observa al niño arriba, en el árbol y sube a buscarlo. Intenta despertarlo, pero el niño no responde. Entonces comienza a descender con él, lenta y cuidadosamente, hasta llegar al suelo. Allí lo apoya contra el tronco y comienza a acariciarlo con suavidad.

16

El viejo lleva con dificultad al niño sobre su espalda. Camina cada vez más despacio, debilitado y hambriento, hacia una arboleda que se alza a unos cuantos cientos metros adelante.
Sus heridas volvieron a abrirse y está perdiendo mucha sangre.
Al llegar a la arboleda, el hombre deja al niño junto a un tronco y comienza a examinar sus propias heridas. En el brazo, una de las mordidas de los perros se está infectando y tiene pus. En la pierna, la herida comenzó a sangrar otra vez.
El viejo rompe su camisa en pequeños trozos y los usa como vendas y torniquetes para parar la hemorragia. Cuando está haciendo esto, divisa a lo lejos un pequeño curso de agua y se acerca corriendo para beber, lavarse y llevarle agua a su nieto.

17

Momentos después, el hombre sigue el pequeño curso de agua con el niño sobre su espalda. Lo que empezó siendo un pequeño hilo de agua, se convierte poco a poco en un arroyo y, unos kilómetros más adelante, en un río bastante caudaloso y correntoso.
El hombre sabe que debe cruzarlo para llegar a la otra orilla y que una vez allí estará más cerca de una población y, por ende, de un hospital o un médico. Busca desesperadamente un lugar por donde pasar, pero se da cuenta que no podrá hacerlo herido como está y menos cargando al niño en su espalda.
De repente, se le ocurre una idea, deja al niño en el suelo, lo besa con dulzura en la frente, y empieza a golpear pequeños árboles que crecen junto a la orilla del río. Mientras lo hace, el niño se recupera levemente, se incorpora y se acerca al agua.
El hombre parece un loco golpeando los troncos con su cuerpo, sin lograr absolutamente nada más que algunos moretones. Hasta que uno de los árboles cede y comienza a caer hacia delante, en dirección al río.
El hombre se sube a él y sigue golpeándolo hasta que cae por completo, formando una suerte de puente natural que comunica con la otra orilla.
Feliz por su hazaña, el hombre corre a buscar al niño, pero no logra encontrarlo por ninguna parte, hasta que sorprendido, lo ve dentro del agua, a la deriva, impulsado por la corriente.
El hombre comienza a correr a su lado, por la orilla, y luego se arroja al agua para rescatarlo. La corriente es mucho más fuerte de lo que esperaba y debe nadar con fuerza para alcanzar al niño, que ha tragado mucha agua. Frente a ellos, a unos metros está el árbol que acababa de derribar. Se aferra a una de sus ramas y sube por su tronco, cargando al niño en sus brazos.
Al llegar a tierra, exhausto, se arroja al suelo junto al niño. Ambos miran hacia el cielo, agotados y se quedan ahí, sin aliento, descansando.

18

Luego de caminar un rato, el hombre y el niño llegan hasta una pequeña casa, donde vive un viejo.
El hombre le pide ayuda y el viejo, ciego y desvalido, los ayuda con lo que tiene.
Al niño lo acuestan en una cama y tratan de reanimarlo con un jarabe. Se asusta cuando ve al ciego, sus ojos vidriosos y muertos, pero luego comienza a mirarlo con curiosidad y respeto.
El hombre les informa donde se encuentran y les dice que el único hospital está muy lejos de allí, que hay que recorrer varios kilómetros por el río, adentrarse en esteros y deltas, para llegar hasta él.
Igual comparte con ellos el poco alimento que tiene, les da agua para beber y les ofrece un pequeño bote maltrecho para que puedan moverse por el río.
El hombre acepta de buena gana, le agradece por su ayuda, se sube al bote y se interna en el río con el niño, remando con fuerza.

19

El hombre y el niño se dejan llevar por la corriente, río arriba.
El paisaje es más selvático, los árboles abundan en las orillas, hay pájaros, insectos y diferentes tipos de plantas.
El hombre observa todo con atención, tirado en el fondo del bote, mientras que el niño duerme a su lado. Se mira sus heridas y nota que la infección en su brazo y sus piernas es cada vez mayor. Está preocupado, pero intenta no preocupar a su nieto.
Así pasan varias horas en silencio, mientras el río los conduce lentamente, con el impulso de sus aguas, hacia un destino incierto.

20

Dormidos dentro del bote, el viejo y el niño no se dan cuenta que están encallados junto a la orilla del río, en la costa.
El viejo despierta, se siente mal, sus heridas están cada vez peor, mientras que el niño sigue enfermo, pero ahora está un poco más conciente.
Deciden dejar el bote y seguir el camino a pie, intentando encontrar alguna población o a alguna persona que los ayude. Pero están demasiado débiles para continuar.
El viejo hizo un esfuerzo sobrehumano para salvar a su nieto y ahora está bastante desesperanzado y cree que ya todo está perdido, que no hay nada que hacer, que ambos morirán enfermos, sin alimentos ni agua.
Pero después de caminar unos metros, al atravesar un pequeño bosque, divisa a lo lejos una pequeña población. Sus fuerzas ya no le alcanzan, pero quiere salvar al niño a toda costa y lo alza con el último aliento y comienza a caminar hacia el poblado.
A lo lejos unos hombres parecen haberlos visto y comienzan a correr hacia ellos, adivinando la situación en la que se encuentran.
Cuando el viejo ve que las personas se acercan para ayudarlos, vencido por el cansancio y la infección de sus heridas, se deja caer en el suelo junto al niño. Ambos permanecen allí, tendidos en el suelo, sin fuerzas para seguir ni levantarse.
El niño abre los ojos con dificultad, sin saber muy bien lo que sucede, y nota que su abuelo se está dejando llevar, que está a punto de morir, a su lado. Los hombres siguen corriendo hacia ellos. Y mientras el niño observa hacia el cielo y se queda mirando el sol brillante de la mañana, el abuelo se deja vencer lentamente y cierra sus ojos, atrapado por la muerte.

I giusti, Augusto César Ferrari
TREATMENT


1

The sound of insects, water flowing and branches moved by the wind refers to a rural, remote and solitary landscape.
Over details of leaves, branches, soil, tree barks, insects and trees, a voice-over of an old man softly names each element according to each case.

Meanwhile, the small hand of a boy runs through the surface of each one of those things named by the voice.
It moves slowly, feeling the cracks in the bark of a tree, pointing at an insect on a branch, grabbing a leaf and some mud from the ground, his fingers softly running across the wrinkled surface of an old man’s eye, and finally touching the lip of a mouth saying A mouth...


2

The pages of a book containing drawings of plants and animals pass slowly in front of the camera, flipped by big wrinkled hands.
The pages stop on a drawing of an enormous tree, with thick branches, many leaves and a giant, twisted root.
The old man reads: From underneath it was a moist tree, with long and humid pearly branches penetrating in the lukewarm night of the earth. Through them, mainly, the tree lived and felt, maybe its day was a day of the world, so wide and profound, because the earth palpitating under it was sending all sorts of signals…

The camera slowly tracks back from the book and allows us to see an 80 year old man, with white hair and beard, sitting with his back to the camera, leaning on a tree trunk. As he reads quietly the description of the drawing in the book, the camera continues to track back, discovering a broad, lush and thick forest.
While the man remained seated, reading quietly, a 5 year old boy, thin and small, starts coming down from the tree, right above him.
He’s seen from behind and from afar, while he climbs down slowly and carefully, stepping on different branches that serve him as a ladder.
Once he is on the ground, the boy interrupts the man to show him a leaf and a fruit he just brought down from one of the tree branches.
The man examines them carefully, looks seriously at the boy and shakes his head from side to side in denial.
He seems unsatisfied with the leaf and fruit the child brought him, giving them back to him with indifference.
Upset, the boy throws them angrily to the ground and rapidly walks away.
He goes towards the trees ahead of them.
The man stops reading, watches him a while and, when the boy loses himself in the bushes., he closes the book, slowly gets up and starts to walk in the same direction.
Even though he is no longer reading the book, the voice-over is still heard, as he disappears inside the forest.
The camera remains still, showing only the branches and trees rocking in the wind, and a group of birds that gather to eat the fruit the kid left on the ground.
To the east, where the sun rises, there was a forest. He saw it one morning with his green eyes and all the leaves shook, glimmering like scales. It was a taller tree, the largest and most formidable of all… the poplar pointed one of its slim underground branches in that direction and got the answer. It wasn’t just a larger tree, it was a forest, that is, a number of them, feathery earth, tall and rumorous brotherhood…


3

Fragile and inexperienced, the boy wanders alone through the solitary forest, while the sun begins to set behind the trees.
He looks determinate, angry, upset, with an apparently defined and clear course.
But, after a while, he begins to grow restless because he senses that he is lost and doesn’t know how to get out of that vast forest.
He tries to follow the sun, but he feels more and more lost and fear and panic start to take over him.
Nature, the birds, the insects, the sounds of the forest become hostile, menacing.
The boy picks up the pace and screams for help.

While everything around him becomes strange and ominous, the sun continues to hide behind the forest.
The shadows are longer and more deformed, the boy is more and more frightened. Until, on the brink of tears, he hears the distant voice of his grandfather calling his name, Litoo.

Hearing his grandfather’s voice, the boy is suddenly filled with enthusiasm and decides to look for him.
He runs towards the place where the voice comes from, and, from afar, we see how they meet and hug each other.
The man comforts him, combs his hair with his hands, kisses him and takes him by the hand.
Always from afar, we see how they vanish inside the forest.
The sun continues to set and the light grows dimmer.


4

Man and child walk through a sandy desert expanse that begins after the last trees of the forest and extends towards the horizon in the form of dunes.
After a long walk, when it is almost dark, they see in the distance the silhouette of a cabin.
Some dogs approach them running and barking.
The man pets them and all of them – the boy, the grandfather and the dogs – disappear in the horizon, on their way home.




5

The man and the boy are inside a small wooden cabin, in the middle of the desert, by the sea.
The sound of the water and the tide envelops everything with its laid-back rhythm.
Silently, the man slices some vegetables on a table to prepare supper.
The boy is in his bed, lying down, watching the sky through a small hole between the wall and the roof of the house.
He stays like that for a while, looking at the stars and the moon, and, little by little, falls asleep.
On his chest there is a picture of a young man and woman lifting a baby towards the sky, laughing.
The camera approaches the sleeping boy, closing in on that picture.
The rumble of the sea is ever more present, invading everything.


6

The boy is sitting in the beach, with his back to the camera, facing the immensity of the sea.
The dogs run around the beach chasing the seagulls whirling around them.
The birds fly in circles, attacking the ground with their beaks in an attempt to hunt the small shellfish brought to shore by the tide.
In the distance, beyond the point where the farthest waves break, a small boat begins to show, in which the old man is rowing strongly toward the coast.
Upon discovering his grandfather in the middle of the sea, the boy gets up and runs toward the shore, to wait for him.
The old man lets himself be carried by a wave and as he reaches the shore, he jumps in the water and pushes the boat to the shore.
The boy comes near and the man hands him a bag with some still-living fish.
The fish shake abruptly inside the bag and the boy has to make an effort to keep them from falling into the water.
The grandfather pushes the boat further up, where the tide cannot reach it, and he pulls out some nets, boxes, fish hooks and lines with sinkers from it.
Both head home together.


7

The man and the boy clean and cut the fish on a table. They scale it with a knife and gut it, then wash it in a bowl with a little water.
The man notices that the boy is not doing so well, cleaning the fish with some difficulty. He is having trouble keeping it still and scaling.
And he is disgusted by the blood that pours out when the fish are cut open and gutted.
Unexpectedly, a fish moves suddenly and the boy cuts his hand and finger with the knife, screams in pain and begins to faint.
Alarmed, the man drops what he is doing and rushes to the boy’s side to try to reanimate him, calm him down and heal his wound.
First he throws some water on his hand, to wash the blood away from the wound.
In spite of the boy’s screams of pain, the man covers the wound with a little salt.
And later he wraps his hand with a wet handkerchief and ties it with a knot.


8

Next to the small wooden house, the man is repairing a boat, while the boy reads out loud a book about natural sciences.
Several other boats in bad shape were leaning against the side of the staircase that leads to the door, left there for the man to repair by other people in the area .
The boy is reading with difficulty, he doesn’t feel well, apparently due to an infection in the wound on his hand.
The old man finds something odd in his weak and tired voice, but doesn’t give it any importance and continues to work while listening to the boy reading.


9

The next day the boy falls ill, his fever rising while he faints in his bed.
The old man tries to reanimate him but when he notices the illness could be serious, he takes him to a neighbour’s place to see if they can help him find out what is wrong with the boy.
The men, who work chopping down trees in a forest not too far away, tell him that the boy is in a very serious condition and that he should take him to a hospital.
Nonetheless, everyone knows that the nearest hospital or doctor is several kilometres away and there are no means of transportation to get there ; the only alternative is to go on foot through a vast extension of desert, forests, fields and rivers.


10

In spite of the neighbours’ recommendations, the man doesn’t want to take the boy to a hospital.
He decides to cure him himself with homemade medicines made out of plants and roots. But the boy’s fever is high, he is delirious and the man gets scared.
Finally, against his principles, he decides that the child’s life is more valuable than any ideal.
Sitting at a table, pensive, he prepares to set out on a journey to the hospital.


11

The following day, the man and the boy make their way through a vast extension of the desert.
The man carries him on his back, grabbing his arms and legs as if he were a backpack.
The sun is strong and they have almost no water but they feed themselves with some food they carry in a sack and get hydrated with the cacti found along the way.
The old man cuts a piece of cactus and gives it to the boy so he can suck on it, while with the skin, after removing the thorns, he improvises a series of compresses with the intent of lowering the fever, but the boy fades in and out of consciousness nonetheless. He grows weaker, and he falls asleep.

12

The boy wakes up in the middle of the night, in the desert, next to a fire the old man lit to keep warm.
Close by there is a dried out tree, from which the man tore off some branches to light the fire.
The boy hallucinates when faced suddenly with that situation and with the howling of wild dogs or wolves coming from not too far away.
The man lies next to him to protect him.
He tells him a fable about a group of animals of several different species that live in an anarchist-style society, where every one of them is free and rules over itself, being respectful and supportive with each other.
The boy listens attentively and curiously but little by little he falls asleep.
The man remains staring at the moon and lets himself be taken over by tiredness and sleep as well, all the while hugging the boy tightly.


13

The next day they continue their journey, reaching a field of pastures and scarce and dry vegetation.
They continue walking for a few kilometres and in the distance they find a dead animal. It is a cow, dead for not too long, being devoured by a pack of wild dogs.
Hungry, same as the boy, the man decides to confront the dogs and salvage a piece of the animal’s meat.
First he finds shelter for the boy who, defenceless due to his illness, could be easy prey to the dogs.
A few meters away he finds a large tree and a way to climb and leave the boy up there, where the dogs cannot reach him.
Then he grabs a stick and heads resolutely towards them.
The dogs, alerted by his scent, get restless and start barking threateningly at him in an attempt to make him back off.
Instead, the man unexpectedly begins to run directly at them at full speed and the dogs, surprised, escape.
As all of this happens, the boy watches from the tree branch where he is hiding.
The man tries to grab a piece of the cow’s meat but he cannot cut it because he doesn’t have a knife or any other sharp object.
The dogs, which weren’t too far away, see the chance to recover their prey and attack. A fight ensues.
The old man hits one of the dogs but the others jump on him, knock him down to the ground and start biting him savagely.
The man tries to defend himself but he is outmatched.
At that moment a gunshot is heard and one of the dogs falls, wounded, while the other two run away.
The man remains on the ground, badly wounded.
His tired eyes can barely see the sun until the silhouettes of two men, backlit, appear in front of him.
The old man closes his eyes and all goes dark.


14

The man wakes up in a shabby house, located in the middle of the field, under the shade of a grove.
A woman is healing the wounds on his arms, face and legs.
The woman asks him a series of questions, while the man, who is trying to regain consciousness, answers her laconically, thinking only about his grandson and the urge to go back for him, since he was left all alone on the tree branch, exposed to the elements.

The old man tries to get up, but the woman doesn’t let him at first, so the man looks at her sternly and pushes her aside with his arm.
He gets up, walks out of the house, looks back at the woman to thank her with a gesture for her aid, and goes out to look for his grandson.
The woman observes him as he walks away, speechless, but with an intriguing and somewhat evil look.


15

While all of this happens, the boy is alone on the tree, still faint and defenceless.
A bird perches by his side and the boy observes it, amazed by its beauty.
In the distance, the dogs return to the place where the dog that had been shot is lying, and they smell the presence of the boy on the tree.
The dogs run toward the tree and the boy, who sees them coming, gets scared and starts climbing higher, using some branches as steps.
The dogs bark at him from the ground and the boy, weakened, consumed by the fever and the illness, faints and falls asleep on one of the branches.
The dogs keep barking but, at that moment, they see the old man in the distance, running towards them with a stick in one hand and a rock in the other.
One of the dogs confronts him and the man strikes it with the stick and hits it with the rock, so it goes away, whimpering.
The other animal, frightened, follows the first one and they soon disappear in the horizon.
The man drops the stick and the rock, looks at the boy up in the tree and climbs up to fetch him.
He tries to wake him up but the boy doesn’t respond.
So he climbs down with him, slowly and carefully, until he reaches the ground.
There he sets him down against the tree trunk and caresses him softly.


16

The old man carries the boy on his back with great difficulty.
His pace declines as he is weakened and hungry, walking towards a grove that rises a few hundred meters ahead.
His wounds have reopened and he is losing a lot of blood.
When he reaches the grove, the man leaves the boy against a tree and examines his own wounds.
One of the dog bites on his arm is getting infected and it’s filled with pus.
The wound on his leg starts bleeding again.
The old man tears his shirt in small strips of cloth and uses them as bandages and tourniquets to stop the bleeding.
As he does this, he realizes there is a small stream of water, so he runs toward it to drink some, wash up and take some water to his grandson.


17

Moments later, the man follows the small stream with the boy on his back.
What started out as a tiny creek gradually grew until a few kilometres ahead it became
a big river with a strong current.
The man realizes that he needs to make it across to the opposite bank and there he would surely find a village where should be some sort of medical assistance.
He desperately seeks for a place to cross it but he realizes that he will not be able to do it, wounded as he is and with the boy on his back.
Suddenly, he has an idea.
He sets the boy on the ground, kisses him softly on his forehead, and begins to bang on the small trees growing by the riverbank.
As he does so, the boy recovers slightly, gets up and approaches the water.
The man looks like a madman slamming the trunks with his body, accomplishing absolutely nothing but bruises.
Until finally one of the trees gives in and falls forward, toward the river.
The man gets on top of it and continues to bang on it until it falls completely, forming a sort of natural bridge communicating with the other bank.
Happy with his achievement, the man runs to fetch the boy but cannot find him anywhere until, much to his surprise, he spots him inside the water, adrift, being carried by the current.
The man starts to run alongside and then dives in the water to rescue the boy.
The current is much stronger than he expected and he must swim vigorously to reach the boy who has swallowed a lot of water.
A few meters ahead of them is the tree he had just knocked down.
He managed to hold on to one of the branches and climb onto the trunk, carrying the boy in his arms.
When he reaches the other bank, exhausted, he throws himself down to the ground next to the boy.
Both stare at the sky, out of breath, and lie there, resting,


18

After walking for a while, the man and the boy come across a small house, where an old man lives.
The man asks for help and the old man, blind and crippled, helps them as best he can.
They lay the boy down on a bed and try to reanimate him with some syrup.
The boy is frightened when seeing the glassy dead eyes of the blind man but then starts to look at him with curiosity and respect.
The blind man informs them where they are and tells them that the only hospital in the area is a long way away, that they must travel several kilometres down the river and then go through marshes and deltas to get to it.
Still he shares with them some little food he has, gives them drinking water and offers them a small battered boat so that they can travel downstream.
The man cheerily accepts, thanks him for his help, gets on the boat with the boy and rows vigorously down the river.


19

The man and the boy let themselves be carried by the current.
The scenery is wilder, plenty of trees grow along both riverbanks, there are birds, insects and different kinds of plants.
The man watches everything with attention, lying down in the bottom of the boat, while the boy sleeps next to him.
He looks at his wounds and notices that the infections in his arm and legs have grown. He is concerned, but tries not to worry his grandson.
They remain silent as several hours go by and the river slowly carries them in its current to an uncertain destiny.


20

Asleep inside the boat, the old man and the boy don’t realize their boat run aground.
The old man wakes up, feeling ill, his wounds even worse, while the boy is still ill as well, but a little more conscious.
They decide to leave the boat and proceed on foot, trying to find a village or someone that would help them, but both are too weak to go on.
The old man had made a superhuman effort to save his grandson but now he has almost lost all hope and believes that all is lost, that there is nothing left to do and both will die as they are sick and without food or water.
But after walking a few meters through a small forest, they see in the distance a small village.
The man has no more strength left in him but he wants to save his grandson at all costs, so he picks up him up with his last breath and heads towards the village.
Some men appear to have seen them and start running towards them, guessing the situation they are in.
When the old man realizes there are people coming to their aid, overcome by fatigue and the infections on his wounds, he falls to the ground along with the boy.
Both remain there, lying on the ground, with no more strength to get up and carry on.
The boy opens his eyes with difficulty, not knowing very well what is happening and notices that his grandfather is letting himself go, that he is about to die by his side.
The men are still running towards them.
And, as the boy stares at the sky and the bright morning sun, the grandfather closed his eyes, surrendering himself to death.
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